El México que aún no aparece en el feed: destinos costeros fuera del radar 

De Airbnb ·

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  • Chetumal, Tuxpan, Coatzacoalcos y San Luis Río Colorado se encuentran dentro de los destinos costeros para descubrir un México que aún no aparece en el radar
Vista de la playa con vegetación al frente y un puesto de venta al fondo con guarda sol rojo.

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  • Chetumal, Tuxpan, Coatzacoalcos y San Luis Río Colorado se encuentran dentro de los destinos costeros para descubrir un México que aún no aparece en el radar

Hay un México que se conoce casi de memoria. El de las playas que aparecen cada verano en el feed, los Pueblos Mágicos que se convierten en tendencia y los destinos que están a una búsqueda, un reel o un save de distancia.

Y luego está el otro México. El que todavía no aparece entre los primeros resultados del algoritmo, pero empieza a entrar en el mapa de una nueva generación de viajeros. En 2025, las reservaciones crecieron en destinos que hasta hace poco estaban fuera del itinerario habitual, impulsadas en buena medida por viajeros mexicanos jóvenes, abriendo nuevas oportunidades para que el turismo contribuya a las economías y comunidades locales. 

Son lugares donde el Caribe cuenta una historia diferente, el Golfo se descubre entre sabores y tradiciones, una ciudad portuaria guarda más de cuatro mil años de memoria y el desierto termina frente al Mar de Cortés. 

A continuación, cuatro destinos costeros para descubrir ese México que aún no está en el radar: 

Chetumal: donde el Caribe cambia de historia

Chetumal es una versión menos obvia del Caribe mexicano: una ciudad frente a la bahía que lleva su nombre, con Belice al otro lado de la frontera y una identidad donde conviven raíces mayas e influencias caribeñas.

Una de las mejores formas de descubrirla está en su arquitectura. Sus antiguas casas de madera, con celosías, colores vivos y estructuras elevadas, recuerdan a los bungalows del Caribe británico y revelan la estrecha relación histórica de la ciudad con Belice. 

La misma mezcla llega a la mesa: el rice and beans con leche de coco, el fruit cake, los puddings y el bun de pasas y anís conviven con ingredientes y preparaciones de raíz maya y yucateca, en una cocina marcada por la historia fronteriza de la ciudad.

Y el mapa de quienes llegan también empieza a cambiar. En 2025, 83% de los huéspedes de Airbnb en Chetumal fueron mexicanos y 82% pertenecieron a la Gen Z o a la generación Millennial; además, 23% ya había visitado el destino anteriormente1.

Tal vez parte de su encanto esté precisamente ahí: en llegar esperando Caribe y encontrar algo más. Una ciudad de casas de madera, sabores que cruzan fronteras y una historia que no se parece a la de ningún otro rincón de Quintana Roo.

Tuxpan: el secreto del Golfo para el próximo road trip

Hay destinos que parecen hechos para decir “vámonos el fin de semana”. Tuxpan es uno de ellos. A unas tres horas de la Ciudad de México, este puerto veracruzano reúne mar, río y una cocina con raíces huastecas, con una identidad profundamente ligada a la región.

Su nombre viene del náhuatl Tochpan, “lugar de conejos”, y su historia prehispánica permanece en las tradiciones de los pueblos huastecos, nahuas y totonacos que habitaron la región. Hoy, esa herencia también llega a la mesa, entre maíz, pescados, mariscos y sabores de la Huasteca.

La señal de que Tuxpan empieza a hacerse un lugar entre los nuevos favoritos está en los viajeros que llegan hasta aquí: en 2025, las reservaciones en Airbnb crecieron 19% y 82% de sus huéspedes fueron Gen Z o Millennials  con grupos de tres personas en promedio2.

Aquí el atractivo está precisamente en bajar el ritmo: una carretera que conduce al mar, una casa para compartir, tardes junto al río y una gastronomía que invita a quedarse un poco más. Tuxpan es de esos lugares que todavía no se han visto en un reel, pero que se guardan para el próximo viaje.

Coatzacoalcos: el lugar al que todavía no te lleva el algoritmo

A primera vista, Coatzacoalcos es una ciudad portuaria e industrial frente al Golfo de México. Pero basta mirar un poco más de cerca para encontrar otra historia: su territorio fue uno de los grandes escenarios de la civilización Olmeca, una de las culturas más antiguas de Mesoamérica.

Incluso su nombre guarda una leyenda. Coatzacoalcos proviene del náhuatl y suele interpretarse como “lugar donde se esconde la serpiente”, en referencia a Quetzalcóatl. A poca distancia, San Lorenzo Tenochtitlán conserva esculturas monumentales y vestigios de aquella civilización que habitó la región hace más de cuatro mil años.

Esa historia parece estar despertando curiosidad: en 2025, las reservaciones en Airbnb crecieron 41%, el mayor aumento entre estos destinos3.

Caminar frente al Golfo, probar los sabores del sur de Veracruz, acercarse a la herencia olmeca y terminar el día entre amigos hablando de un lugar que, hasta hace poco, probablemente no estaba en el radar. Coatzacoalcos tiene ese atractivo de lo inesperado: el destino que alguien propone en el chat y que, después de conocerlo, todos se preguntan por qué no habían ido antes.

San Luis Río Colorado: donde el desierto encuentra al mar

Hay paisajes que parecen imposibles hasta que los recorres. En San Luis Río Colorado, el desierto de Sonora, la frontera con Estados Unidos y el Mar de Cortés conviven en un mismo viaje.

Al sur de la ciudad, el camino conduce hasta el Golfo de Santa Clara, donde las dunas del desierto de Altar se encuentran con el mar. Pero este paisaje tiene una historia mucho más antigua: aquí viven los cucapá, cuyo nombre propio, Xawiƚƚ Kwñchawaay, significa “pueblo del río”, en referencia al Colorado que durante siglos fue el centro de su vida y territorio.

El interés por llegar hasta aquí también está creciendo: durante 2025, las reservaciones en Airbnb aumentaron 27% y 24% de los huéspedes fueron viajeros que ya habían estado antes4. Y es que basta llegar al Golfo de Santa Clara para entender el atractivo: kilómetros de desierto, dunas, mar y atardeceres que parecen cambiar la escala del viaje. 

San Luis Río Colorado es de esos paisajes que recuerdan que todavía quedan rincones de México capaces de sorprender antes de convertirse en trend.

Quizá la nueva forma de descubrir México no sea preguntarse cuál es el destino que todos están visitando, sino cuál es el que falta por conocer. Uno que se pueda descubrir con amigos, que permita acercarse a sus comunidades y consumir local, compartir una casa, alargar la sobremesa, desviarse de la ruta y volver con la sensación de haber encontrado algo que no arrojó el algoritmo. 

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