La convicción de David y José
Mensajes Clave
- Conoce la historia de David y Pepe, anfitriones en Cartagena
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David compró un departamento junto al de su padre en Cartagena, a quince minutos de la ciudad amurallada. Ahí nació y también se casó, pero su profesión lo llevó al norte, a la Guajira, donde se curtió como docente de física y matemáticas.
Siempre curioso, David decidió arrendar el departamento y, en Airbnb, encontró a un aliado. Acordó con su padre, Pepe, que vivía solo y ya estaba jubilado, que él recibiría y despediría a los huéspedes. También contrató a una señora para que se ocupara de la limpieza. Pepe, además, recomendaría a los visitantes los principales atractivos del barrio: las universidades, las iglesias y el estadio de fútbol para ver al equipo local.
Pepe siempre está disponible ante cualquier eventualidad. A David le tranquiliza pensar que el negocio funciona. Las reseñas los llenan de satisfacción y el ingreso adicional que les permite tener esta actividad, les ayuda a sentir cierta seguridad. “Dejar de percibir ese ingreso afectaría sustancialmente nuestra economía”, cuenta.
Además del beneficio directo para David y Pepe, ellos indican que la presencia de huéspedes beneficia también “al señor de la tienda, a los negocios de comida cercanos, a la señora que se ocupa de la limpieza y a los prestadores de servicios de la zona turística”.

“Hay gente que busca sentirse como en casa”, continúa David con convicción, “una noche de hotel frente al mar cuesta 150 dólares, un departamento como el mío 30 o 35 dólares. Si lo pones en la balanza, muchos, como yo, se inclinarán por el de 35”, explica.”
Durante las vacaciones, David regresa con su esposa e hijos a la Cartagena que extraña. “Es una ciudad fantástica, que cautiva”, asegura.“Una limitación a la vivienda turística nos afectaría principalmente a los anfitriones, pero también a todos los que buscamos más y mejores oportunidades”.